The Farber Collection
Facebook Twitter RSS

Arturo Cuenca

Sobre Arturo Cuenca

n. 1955, reside en los Estados Unidos

Desde la imagen fotográfica tomada en 1960 por Korda (Alberto Díaz) hasta su reproducción masiva por el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli (1967), su reciclaje por artistas contemporáneo como Erró y Vik Muñiz, y su uso en manifestaciones populares, la peculiar iconografía de Che Guevara se ha constituido sobre diversos soportes: lienzos, carteles, pegatinas, graffiti, serigrafías, distintivos, fosforeras, y pañuelos, en los cuales se trenza la hagiografía del líder guerrillero con la mercantilización de su imagen. Una zona importante de este banco de imágenes ha sido creada en Cuba, escenario e inicio del perfil internacional del revolucionario argentino, a partir de numerosos pintores, diseñadores, fotógrafos, que por voluntad propia o encargo social han asumido el reflejo de su presencia y mitos.

La obra Che de Arturo Cuenca se inscribe con acentos propios en esta línea temática del arte cubano. Considerado uno de los protagonistas del “nuevo arte cubano” de la década de 1980, transitó de un hiperrealismo de base conceptual hacia la fotografía manipulada y la convirtió en objeto/sujeto de intensas investigaciones sobre la percepción, el rol constructivo del espectador y el proceso del conocimiento intelectual. Inmerso en el estudio y aplicación de teorías filosóficas a la creación artística, polemista público y creador de un post-conceptualismo “sensual”, Cuenca propuso la refundación de una estética que, arrancada de su carácter normativo, proyectaría un nuevo ambiente socio-cultural.

En Ciencia e ideología: Che, Cuenca incorporó la imagen del héroe desde una crítica al medio fotográfico y la manipulación propagandística. Su actitud anti-apologética se nutre no sólo de una simpatía personal: Cuba conmemoraba en 1987 el XX aniversario de la caída del Che en Bolivia, bajo las coordenadas del proceso de “rectificación de errores” de la década. Destinado a corregir las “desviaciones” tecnocráticas en la economía, las nuevas orientaciones enfatizaban el rol de la conciencia, la austeridad y el trabajo voluntario. Se publicaron textos escritos por el Che, así como ensayos sobre sus teorías. Su imagen era reproducida de manera ortodoxa en medios de comunicación masivos y en la gráfica urbana, pero el habitual eslogan “Seremos como el Che” era reencarnado por intelectuales y artistas como un llamado a la irreverencia crítica en los marcos de la Revolución.

Una inmensa estructura de acero, erigida como una valla en la azotea de un edificio de la calle 23, próximo al puente del río Almendares, exhibía el rostro adusto del Che junto a una frase: “El revolucionario debe ser un trabajador infatigable”. Cuenca fotografió el reverso de la valla desde un ángulo absolutamente opuesto, de manera que el rostro del héroe se vuelve anónimo y sólo es posible identificarlo por el contorno de la silueta. Esta selección del “reverso” como punto de vista propone no sólo la interrupción del acto comunicativo publicitario, sino también una incursión más allá del icono estandarizado. Coloca al espectador “detrás de la fachada”, en actitud crítica ante la tramoya literal y metafórica que soporta el mito, y simultáneamente pide el desmantelamiento de los rituales para-religiosos que nutren la propaganda ideológica y social.

Sobre la imagen invertida de la trama reticular, el artista colocó su propia frase pintada a mano: “El revolucionario no es retrato, es paisaje”. La inscripción de su propio texto como una intervención posible en el espacio de los signos urbanos magnifica una de sus técnicas más frecuentes: la fusión de textos e imágenes de modo que el espectador los perciba de manera simultánea. El texto alude a la desaparición de los bordes entre el héroe y la masa, y a la transformación del culto al sujeto individual en explosión de creaciones colectivas. Es el momento en que un grupo de jóvenes artistas pinta la palabra “Meditar” bajo el monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución. Cuenca dejaba inscrita—sobre el cielo de La Habana—su propia contribución.

Referencias: Camnitzer, Luís, New Art from Cuba, 1994; reimpresión, Austin: University of Texas Press, 2003, p. 207, ilust. p. 206.

—Abelardo Mena Chicuri