The Farber Collection
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José Franco

Sobre José Franco

n. 1958, reside en Argentina

En 1910, el pintor francés Henri Rousseau (1844-1910), conocido como El Aduanero, realiza una de sus obras más memorables: El Sueño, hoy parte de la colección del Museo de Arte Moderno. Autor de piezas como Los jugadores de fútbol (1908, colección Philadelphia Museum of Art) y La gitana dormida (1897, MoMA), había recibido dos años atrás el homenaje de Pablo Picasso y otros artistas en un divertido banquete donde la vanguardia anti-académica descubría nuevos aliados en la lucha contra el arte “burgués”.

Antecedente del arte hoy denominado naïve u “outsider”, la imaginación sin trabas del Aduanero se remontaba sobre los techos del París del Moulin Rouge (aún sin Nicole Kidman) para reflejar exuberantes selvas tropicales habitadas por tímidos leones, lánguidas mujeres de piel cobriza o despiadados huracanes que parecían proceder de las páginas de novelistas como Pierre Loti o Joseph Conrad. El humilde artista presentaba sus escenas como paisajes realistas observados durante el servicio militar en México. Sin embargo, sus fuentes visuales eran libros de grabados sobre países exóticos, e innumerables visitas de domingo al zoológico y los jardines botánicos de París. Como numerosos pintores de su época (y la nuestra), el artista se apropiaba de imágenes encontradas y las transformaba bajo una exaltada vena poética.

Ocho décadas después, un artista “tropical”, José Franco, selecciona al Aduanero como interlocutor. En el contexto del arte de la década de 1980, Franco reivindicó, junto a Eduardo Rubén y Carlos A. García, el valor expresivo de la pintura. Sus imágenes abstractas amplificaban como camuflaje la corteza de plantas o detalles de la piel de animales, y se proyectaban hacia el espacio mediante la adición de elementos tridimensionales y objetos, en una frontera indeterminada entre arte y diseño.

En Conversación... , París y La Habana cierran un circuito de comunicación artístico cultural abierto desde el siglo XVIII a través de traducciones y visitas, publicaciones y exposiciones que se intensificaron en el XX. La selección de Rousseau como objeto de apropiación está ligada a la postura reflexiva del arte cubano, dispuesto a canibalizar imágenes sacadas de la historia del arte, como objetos útiles para sus procesos culturales. Mediante la actitud irreverente de Franco hacia el concepto de autoría, Rousseau se ha convertido en co-autor de la obra y su firma aparece en el borde inferior derecho, como si un milagro de reencarnación temporal lo hubiese arrojado a las costas cubanas. Ahora su jungla es reelaborada desde el Caribe donde un teléfono camuflado—alta tecnología— permite la comunicación entre tiempos y culturas diversas.

Referencias: Camnitzer, Luis, New Art from Cuba, 1994; reimpresión, Austin: University of Texas Press, 2003, ilust. p. 210.




—Abelardo Mena Chicuri