Rocío García
EXHIBITIONS:
1997 Mis Pedacitos en venta (Little Pieces of Me for Sale), Racklan Building East Gallery, University of Michigan, Ann Arbor, MI.1997 Geishas o Estampas de la vida que fluye (Geishas or Pictures of the Floating World), Centro de Arte 23 y 12, Havana, Cuba.
1997 Homenaje a Safo (Homage to Sappho). Common Language Bookstore, Ann Arbor, MI.
REFERENCES:
Catalogue, Mujeres Diferentes, text by Dannys Montes de Oca (Havana, Cuba: Galería de Arte Domingo Ravenet,1994). Catalogue, Little Pieces of Me for Sale, text by Ruth Behar, 1997. Catalogue, Geishas o Estampas de la vida que fluye, text by Ruth Behar, 1997. Asheley Riley, “Cuban Geishas,” Michigan Daily (21October 1997). Ruth Behar, “A Woman´s Body is Her Country,” Journal of the International Institute 5:2 (Winter 1998).n. Las Villas, Cuba 1955. Reside en La Habana.
Desde el siglo XIX hasta el siglo XX, la mujer se convirtió en uno de los ejes temáticos de la pintura y la fotografía en Cuba. Sin embargo, el estudio de la creación artística de las cubanas desde ese momento, su fidelidad o desviación respecto a los cánones fijados por artistas, escuelas y críticos con mayoría masculina, es aún tema pendiente. Es una necesidad más urgente para nuestra Historia del Arte y Estudios Culturales a partir de la presencia—en décadas recientes—de numerosas artistas que exploran espacios aparentemente invisibles para sus colegas hombres.
Dentro del arte cubano actual, prolífico y diverso en acentos, Rocío García es una de los creadores indispensables. Graduada de la Escuela San Alejandro en 1975, fue enviada a la Academia de Bellas Artes Repin, en San Petersburgo, antigua Unión Soviética, donde se gradúa en 1983. En 1987 realiza su primera muestra personal en La Habana, desde entonces también desempeña un intenso trabajo como profesora e ilustradora editorial.
Desde 1984, trabaja alrededor de series con nombres sugestivos: “Peluquerías”, “Museos”, “Personajes”, “Caperucitas”, “Geishas”, “Hombres, machos, marineros”, “El domador y otros cuentos”, “El Thriller”. Los espacios sociales reflejados por Rocío—sean públicos y domésticos—son generalmente cerrados, casi claustrofóbicos, y sirven como escenario a personajes delineados con dinamismo, rodeados por grandes zonas de colores intensos. Si en las primeras series eran mujeres las protagonistas, ahora son hombres y las relaciones de poder creadas ante sus similares, quienes reinan en estas escenas penumbrosas. Su concepción es también casi cinematográfica, como si la artista captase en el lienzo el frame inconcluso de un filme noir que se proyecta estático ante nuestros ojos.
En opinión del crítico cubano Rufo Caballero, “Geishas” fue una de las mejores series creadas por Rocío. Autoridad del arte contemporáneo, Caballero remarca en este grupo de obras tres elementos significativos: “entronizar de una vez y por todas el mundo de la violencia en el espacio de los personajes, la profusión del juego intertextual, y el inicio de las sutilezas en la expresión facial de los personajes...” En el texto, del año 2004, Rufo confesaba su “predilección por una de las obras más hermosas y perdurables en la carrera de Rocío: Geisha Samurai”.
“Geisha Samurai” fue exhibida por primera vez en 1997, en dos exposiciones personales bajo el título “Pinturas de Rocío García: Geishas o Estampas de la vida que fluye” realizadas en 1997 en La Habana (Marzo), y luego en la Universidad de Michigan (Octubre). Ambas exposiciones mostraron la serie de Geishas, pintadas en 1995, y contaron con textos de la curadora cubana Dannys Montes de Oca, y la antropóloga cubano-americana Ruth Behar, quien hace notar la relación entre los personajes femeninos de Rocío y el género del ukiyo-é en la estampa japonesa.
Que Rocío extrajera este personaje femenino de referentes culturales exóticos, probablemente fue inspirado por el auge en Cuba de la prostitución femenina (y masculina), convertida en estrategia de supervivencia popular con el Período Especial. Sin embargo, mientras la música popular del momento (la llamada timba brava) reaccionó con abierta misoginia ante estas circunstancias, en las geishas de Rocío no encontramos condena explícita de la mujer en estas funciones. A diferencia de la estampa nipona, las escenas no describen escenas sexuales explícitas, sólo una de las obras nombra un espacio urbano de transacción carnal mediante la apropiación de “Las señoritas de Avignon”, de Picasso. Las geishas de Rocío aparecen desnudas, nada frágiles, rapadas en actitud andrógina, en interiores sensuales monocromos donde coquetas miran a otras geishas, como el harén turco de Ingres.
La geisha samurai comparte elementos con otras obras, como “Maja Geisha” (por la referencia al español Goya): el interior de la habitación enfocado en la cama, escenario de placer y simulación, y la katana, arma defensiva. Culta, sabia en las artes del placer, la geisha no duda ni un instante en enarbolar la espada: deberá decapitarse para interrumpir ese destino que la condena a ser instrumento de otros, de sí misma. La fusión mediante el título dos referentes sociales de funciones opuestas: geisha y samurai, en un mismo personaje, propone una ruptura con la edulcoración y la victimización usuales en la iconografía tradicional de la mujer. Para la cultura y el arte cubano, Rocío adelanta un arquetipo de lo femenino absolutamente inédito desde el siglo XIX.
—Abelardo G. Mena Chicuri
