The Farber Collection
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Esterio Segura

Sobre Esterio Segura

n. 1970, reside en Cuba

Cuando el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea decide incluir en el filme Fresa y Chocolate (1994) las obras de Esterio Segura como piezas del entramado dramatúrgico, ya el joven artista había participado en la influyente exposición Las metáforas del templo (1993), junto a Carlos Garaicoa, como co-curador y exponente. En 1994, Segura se gradúa de Escultura del Instituto Superior de Arte (ISA). Ante el desaliento social y la intensa emigración de gran parte de la generación anterior, el arte cubano se sacudía los impulsos utópicos del final del decenio y fundaba una nueva etapa, bajo la hegemonía de la ambigüedad estética, la revalorización de la buena factura como Caballo de Troya, y una relación más destilada hacia las fuentes populares de motivos y materiales.

En Segura ocurre el promiscuo intercambio entre los signos de la política y la religión, el emplazamiento paródico de la historia nacional como mito selectivo y el reciclaje de elementos extraídos de la historia del arte, bajo un poderoso impulso carnavalesco que amenaza con fundir todas las jerarquías, todos los protocolos. Santo de paseo por el trópico (1991) no es un estudio preliminar de la escultura del mismo nombre finalmente realizada ese mismo año, sino uno de los numerosos dibujos que Segura produce de manera paralela a su concreción escultórica. El dominio de la espectacularidad, el manejo sensual de los cuerpos y la sutil línea descriptiva modelan ante el espectador los ritos de la contemplación estética tradicional, deudora en este caso de la imaginería barroca contrarreformista, de Caravaggio y de los escultores españoles del Siglo de Oro.

El concepto propuesto rechaza la retórica narrativa presente en los proyectos de plazas públicas y absorbe las practicas anti-trascendentalistas de gran parte del arte contemporáneo. Este San Sebastián de pasaporte europeo que ha sido sorprendido por la feroz esgrima de los machetes cubanos—instrumento de trabajo transmutado en arma de guerra ante el dominio español—es la expresión adolorida de una cultura de resistencia viva.

—Abelardo Mena Chicuri