The Farber Collection
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Toirac & Marrero

Sobre Toirac & Marrero

José A. Toirac (n. 1966, Guantanamo, Cuba)
Meira Marrero (n. 1969, Havana, Cuba)

Las obras de Toirac pudieran ser definidas como la crónica no oficial de la Historia cubana en el último medio siglo. El artista procede a la manera de un arqueólogo, recopila y procesa las imágenes que los medios masivos de comunicación ofrecen de los hechos y las personalidades históricas de la isla.

Junto a J.P. Ballester, Toirac perteneció en la segunda mitad de la década de los 80 al grupo ABTV (Angulo-Ballester-Toirac-Villazón). El colectivo apostó decisivamente por una dimensión post-conceptual del arte: lo esencial no son las propias imágenes sino su economía simbólica, la manera en que una sociedad las genera y las hace circular en busca del consenso colectivo o la segregación del “otro”. En la selección de este punto de vista fue determinante el descubrimiento de los artistas norteamericanos Louise Lawler, Sherrie Levine, Richard Prince, de los canadienses General Idea y del alemán Hans Haacke. Ello introdujo en el arte cubano una perspectiva auto-crítica de la que carecía, y la urgencia por explorar los límites posibles del arte en una sociedad socialista enclavada en el Tercer Mundo.

La presencia de ABTV, intensa aunque de corta duración, desplazó el rol del artista de las habilidades básicamente técnicas y el estilo individual al diseño de políticas interpretativas mediante acciones curatoriales. De ahí que desarrollaron la parodia, el pastiche y la exhibición pública como armas preferidas en la revelación conflictiva de las conexiones entre mercado de arte, instituciones políticas, censura y simulacro social.

Toirac usa la pintura y el video como herramientas low-tech para evidenciar cómo los mitos religiosos occidentales persisten dentro de las imágenes políticas transmitidas por los massmedia. Dentro del género de la pintura histórica, su creación es revulsiva: no está interesado en reafirmar las narraciones oficiales sino en darles la vuelta, evidenciar la artificialidad de sus discursos. Por ello, más que obras individuales, produce largas series que le permiten establecer relaciones profundas entre las imágenes que reproduce de los diarios.

En los lienzos, se ha apropiado de la “técnica Gerard Richter”, un personal desenfoque que el gran artista alemán usa desde los años 70 en sus series sobre políticos y personalidades históricas de esa nación europea. Esta difuminación, relacionada con el desgaste del tiempo, y el uso de los grises, asociado a la nostalgia del cine, son mecanismos de distanciamiento esgrimidos por el artista cubano para evitar la complacencia del espectador, para sabotear la certeza en las imágenes y la transparencia de sus significados. Toirac también hace guiños a Richter en series como “Presidentes de Cuba”, que reproduce de la revista Bohemia las efigies monocromáticas de los mandatarios cubanos desde Tomás Estrada Palma hasta Fidel Castro.

La alta densidad de imágenes de Fidel y Che Guevara en su repertorio ha provocado—en ocasiones—su descalificación como arte “oficial”; y en otras han generado actitudes de censura. Sin embargo, son componentes esenciales del universo de iconos que generaciones de cubanos han consumido durante décadas; han sido herramientas básicas en la construcción hegemónica de las subjetividades.

“Eternity” forma parte de una serie creada en el año 2000, acerca de las nuevas realidades socioeconómicas introducidas por la despenalización del dólar, la circulación de mensajes de marcas comerciales y la incitación al consumo. La fusión de la foto enfática de Fidel Castro con el comercial de Calvin Klein discursa sobre la comodificación de la Historia, y la ruptura del ideal franciscano impuesto por la Revolución. Una nota crítica que comparte con el artista chino Wang Guangyi, autor de la serie “Great Criticism”, iniciada en 1990. La huella gráfica de Che Guevara, el argentino que abandonó su hogar de clase media para ser guerrillero y líder antimperialista, es otra serie de iconos al que Toirac vuelve continuamente (“Che”). Le permite acercarse al tema de la muerte, el sacrificio, a temas tradicionales de la pintura como las vanitas, la fragmentación de la memoria, y los espacios compartidos de la política y la religión.

“Atlantes”—concebido junto a su compañera Meira Marrero—es una serie de cuatro lienzos de tamaño natural. Reproducen instantáneas tomadas al líder de la revolución cubana en varios momentos de su vida, desde la foto tomada por Alberto Korda en la Sierra Maestra en 1960, hasta una imagen reciente, tras su retirada de los cargos estatales. En las imágenes seleccionadas reproducen a su vez fotografías originales. En ellas Fidel aparece aislado, abstraído, en medio de accidentes geográficos, enfocado desde planos inferiores que lo sitúan en diálogo con el cielo, o las fuerzas superiores de La Historia. El título ha sido tomado de la mitología griega, como símbolos de los titanes condenados por el dios Zeus a cargar sobre sus hombros los pilares que mantenían separada la tierra del cielo.

En una entrevista para esta muestra, los artistas explicaron sus puntos de vista: “Nos enfocamos en eventos que han marcado la vida de la sociedad cubana actual y, al mismo tiempo, constituyen puntos de interacción cultural con la historia universal del ser humano”.

                                                                     —Abelardo Mena Chicuri