The Farber Collection
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Sandra Ramos

Sobre Sandra Ramos

n. 1969, reside en Cuba

En la década de 1990, la pulsión del viaje se asienta en la cultura cubana. La ruptura del puente político-económico con la Unión Soviética y el campo socialista, devolvió la isla a la soledad del mar Caribe y la proximidad conflictiva de los Estados Unidos. Fue la época del “Período Especial”, la emigración hacia México de gran parte de la intelectualidad joven que había protagonizado el renacimiento cubano, y en 1994, la “crisis de los balseros”. Para el imaginario social, emigrar y vivir “afuera” dejó de ser una opción reservada a los “apátridas”, y se convirtió en una actitud tolerada y necesaria en busca de las condiciones económicas y vitales que el país no podía garantizar. Ahora la Patria se transportaba en las suelas de los zapatos. La hegemonía de la isla como locus privado de la cubanidad se fracturó de manera profunda, y los cubanos reencarnaron la dinámica móvil implícita en su historia.

La imagen de la nación como la terra firma descrita en el verso de Martí , “de donde crece la palma”, (Valentín Sanz Carta, Domingo Ramos, Tomás Sánchez) fue sustituida por la de cartas geográficas, en las cuales la isla rompía amarras y se transformaba en una embarcación o balsa neumática a la deriva. A través de grabados, instalaciones, objetos y dibujos, Sandra Ramos aportó una visión peculiar del fenómeno. Las calcografías realizadas alrededor de 1993 convirtieron su visión del trópico en una narrativa del desgarramiento de la familia, la amistad y la cultura a causa de la emigración, así como en un testimonio crítico sobre la genuflexión ante el extranjero y la mercantilización de los valores. Así surge una de sus obras más conocidas, La maldita circunstancia del agua por todas partes, en la que Sandra funde simbólicamente su cuerpo con la geografía de la isla, cercada por el perímetro ineludible del Malecón. La conversión poética del ser individual en fragmento aislado del mundo, desafiaba el mito de la isla infinita o utópica: José Martí cedía paso a Virgilio Piñera, cuyo verso se incorpora en el título de la pieza. Los grabados eran también escenario para el diálogo con símbolos de la cultura cubana precedente.

A partir de la exposición Migraciones II, que figuró en la V Bienal de La Habana (1994), la artista utiliza la maleta como pie forzado dentro del discurso migratorio. El objeto, esencial en todo viaje, fue convertido en expresión metafórica de “la ruptura, la escisión, el trauma de la distancia más allá de su dimensión física. La vivencia personal desata, en este caso, un caudal de sugerencias donde se mezclan recuerdos, ideales, cruentas realidades” (Álvarez, 1994, 135). Cubiertas por una figuración casi ingenua que transmitía la complejidad de los anhelos y las pérdidas del viajero, las maletas fueron sumergiéndose—literal y metafóricamente—y la narración parece trasladarse al fondo marino como si hubieran tocado fondo. Historia de las islas, una de las maletas más impresionantes cuyo procedimiento de ensamblaje se enlaza a las cajas-collage de Joseph Cornell, está poseída por una atmósfera onírica. Ancha como una valija de Louis Vuitton, contiene imágenes del cordero místico, referencias al océano a través de niños-caracolas, y la estrella de la bandera cubana ha sido lograda con ingeniosidad mediante una verdadera estrella de mar pegada a ella. Pero el estandarte oficial ha sido confeccionado con plumas teñidas de aves, una especie de alas ready-to-go que Sandra aplicó en otras piezas de la misma época, a la manera de piezas ajustables para escapar mediante el vuelo de un ángel.

Metáfora del vuelo, de la crisis personal unida a la quiebra de valores, la historia sumergida mostrada por Sandra no hacía concesiones al panfleto político o a la denuncia de raíz sociológica, sino canalizaba con sugerente riqueza las angustias del contexto en el que fue creada.

Referencias: Catálogo, Sandra Ramos 1989-2003, Fuchu Art Museum, 2003, ilust. portada, ilust. p. 24.

—Abelardo Mena Chicuri