The Farber Collection
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Carlos Garaicoa

Sobre Carlos Garaicoa

n. 1967, reside en Cuba

Curador, junto a Esterio Segura, de la importante exposición Las metáforas del templo de 1993, Carlos Garaicoa ha desarrollado una obra excepcional en torno a la arquitectura, la ruina y la utopía. De su tema inicial, la ciudad de La Habana, se ha desplazado hacia Nueva York, Cuito Canavale, Valencia, Minneapolis y Venecia. Es uno de los artistas cubanos más conocidos a escala internacional y su creación ha sentado cátedra en la isla.

Rívoli o el lugar donde mana la sangre lleva el título de una pieza homónima de 1993-95, integrada por una fotografía del lugar y un proyecto arquitectónico. En visiones complementarias, la fotografía aportaba un close-up desapasionado del edificio—reducido a la fachada e inundado de desechos—mientras el dibujo recreaba una pirámide erigida sobre el techo, y un hilo de sangre brotando por la piel del inmueble. En texto escrito a mano, el presunto arquitecto o urbanista anunciaba el título del dibujo: Proyecto Cruel. Era la idea para un futuro performance durante el cual serían arrojados cubos de sangre sobre los restos del inmueble.

Durante el proyecto Rívoli, Garaicoa asumía la identidad ficticia de un arquitecto con la misión de restaurar y reformar edificios a punto de desplomarse. El desplazamiento de la autoría y la estructura fotografía-dibujo también aparecen en sus otros proyectos de la misma etapa, como Acerca de la construcción de la verdadera torre de Babel (1994-95), Primer sembrado de hongos alucinógenos en La Habana (1997) y Proyecto acerca del triunfo (1994-99). Las grandilocuentes soluciones contenidas en los planos se mostraban ineficaces, absurdas e incoherentes en términos prácticos. El propósito loable no lograba transformarse en hechos concretos, sino se reducía a buenas intenciones. La ruina se convertía en registro de la impotencia utópica.

“Es quizás Rívoli... una de las obras en que Garaicoa lleva a extremos la farsa de sus proyectos de saneamiento urbano” (Valdés 2000, 23). Transmitido por un autor ficticio, el mensaje del artista se desplazaba en varios sentidos. Edificios como la antigua joyería Rívoli, los protagonistas de los proyectos “imposibles”, habían sido construidos mayormente en las primeras décadas de la República y se derrumbaban sin remedio bajo la indiferencia social. Como hiciera Piranesi con Roma, el gesto de Carlos congelaba los edificios mutilados en su trágica grandeza y los devolvía como símbolos de anomia social y pérdida de fe ante los meta-relatos de la emancipación social. La apropiación paródica del lenguaje proyectivo introducía una crítica demoledora a la figura del arquitecto moderno, forjado desde la Bauhaus en ideologías utópicas pero incapaz de proteger la piel histórica de la ciudad. La tensión irónica entre el dibujo-proyecto y la representación fotográfica desactiva toda tentación nostálgica en la obra, un acento que Wim Wenders no supo evitar cuando representó una Habana “herida de sombras” en su film de 1998, Buena Vista Social Club.

Referencias: Catálogo, Carlos Garaicoa: la ruina, la utopía, 2000, ilust. p. 23.

—Abelardo Mena Chicuri